A los jóvenes progresistas

Ciutadans no sabe/no contesta en materia de drogas.
Un partidario de la Lista Antiprohibicionista

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el carácter, el impulso, la vitalidad e incluso una cierta carga seductora hacen de Pannella, más que cualquier otro, un político de acción (el prefiere “de acera”), de instinto, de “día a día”. Un político comprensible a partir de los resultados, más que de elaboraciones teóricas.

Nadie más que él lanza a la política en una dimensión física, incluso sensual: “Le raisonnable dérèglement de tous les sens”, la razonable sinrazón de todos los sentidos. Y se halla a menudo este verso de Rimbaud en las entrevistas de aquellos años.  Puesto que “las leyes no tienen por qué profundizar sólo en los días, sino también en las noches”.  Y “no existen ‘perversos’ - otro entrecomillado - sino ‘diversos’” . En nombre de esta diversidad Pannella escoge defender las esperanzas de los más débiles, de los más pobres, a partir del momento en que “las instituciones producen en serie industrial, a cientos de miles, ‘putas’ no de lujo; ‘homosexuales’ no presidentes del Consejo, obligados a sufrir la violencia de la prostitución contra sí mismos; ‘travestidos’ que no pueden pegarse el lujo de comprar a unos cuantos muchachos huídos una noche de la cárcel…”

Ardiente y lírico provocador, a ratos esclavo de su mismo embrujo y en cualquier caso objeto de deseos varios, esquelétrico por los ayunos - de nuevo el cuerpo: se presta a fotografiarse desnuro - o cuadrado cuando no está en huelga de hambre, tras haber vencido la campaña del divorcio y antes de ser perseguido por fotógrafos y periodistas de Novella 2000, que le atribuyen flirts de todo tipo, parece cargarse a los hombros un ejército de rechazados y parece que logre incluso conducirlos hacia una liberación indistinta: “Tenemos que prepararnos, banda de expresidiarios, de drogadictos, de artífices de ángeles, de homosexuales, de judeos de todo tipo, de medio fascistas, de ex locos, de marchadores y de ayunadores, de pequeños burgueses exasperados y aventureros, exibicionistas como yo… ” .
Como él, que toca cuerdas sumamente delicadas de la psicología colectiva. Y hay quien pierde la cabeza y haría de todo, por Pannella, y hay quien sencillamente lo considera el diablo. Don Francesco Fuschini, por ejemplo, un párroco de Emilia Romaña, colaboradr de L’Osservatore romano, entrega a la prensa un ensayo que se titula, precisamente, “Pannella, el diablo”. Empieza así:

“La estructura con la que se ha fabricado es de derivación cristiana, católica y del viejo testamento. Pannella es un católico en la oposición in vitam aeternam amen. Como Lucifer no logrará nunca desatarse las alas de ángel quemado…”.
Naturalmente, el asunto de fondo, que el padre Fuschini articula asimismo con irónicas levíticas, tiene mucho que ver con el sexto y el noveno mandamiento, con esa otra cuestión de los homosexuales que, en el Génesis, “están sepultados en los hornos de fuego y azufre pues su pecado ‘grita contra Dios’”. Pannella - es la conclusión - “sirve de etiqueta a una temporada chavacana y desquiciada. Al principio estaba Dios, Pannella vino más tarde. Y el que lo mandó fue el diablo”.  Afirmación que, con todo el respeto por el sacerdote-panfletista, e incluso por Pannella, parece algo excesiva.
A la temporada “chavacana y desquiciada” de los radicales, y más todavía con respecto a los acontecimientos y los personajes que la han anunciado con bombo y platillo, vale la pena echarle un vistazo.

En el silencio de un domingo por la mañana, el sol se mete por las rendijas de la ventana y suscita una polvareda: quien quiera hacerse una idea de como el sexo, bajo forma de píldora, divorcio, aborto, movimiento de liberación de la mujer y derechos de las minorías se haya volcado hacia la vida pública cambiando las connotaciones tiene que subirse al último piso de este viejo edificio. Pasar algunas horas en el estudio-archivo de uno de los poquísimos radicales conservadores, perderse entre fotocopias amarillentas, y encuadernaciones irregulares - Noticias radicales cambiaba de formato cada dos-tres-números - las recopilaciones de papeles imposibles de hallar y las reliquias de Massimo Teodori. Coleccionista febril y benemérito, historiador de la nueva izquierda europea y americana así como del nuevo radicalismo italiano.
El viejo y algo aristocrático del PR de los años 50, el tema de la liberación sexual casi ni lo trata. Y en cualquier caso, hubiese sido demasiado esperarse una cosa así, o lo que es peor pretenderlo de aquellos radicales a los que en 1958 Pier Paolo Pasolini  había dedicado esta cínica pero realmente vivaz representación:

El espíritu, de dignidad mundana,
el inteligente arribismo, la elegancia,
el vestido inglés y el comentario francés,
el juicio cuanto más duro más liberal,
la sustitución de la piedad por la razón,
la vida como apuesta a perder como señores,
os han impedido saber quién sois:
conciencias siervas de la norma y del capital.

En 1975, dieciesiete años después, el epigrama “A algunos radicales” y pocos días después de su muerte, el mismo Pasolini reconoce, esta vez con una generosidad y un énfasis incluso evangélico, el cambio político y antropolóogico del radicalismo: “Habéis logrado hallar formas alternas y subalternas de cultura en todas partes: en el centro de las ciudades y en las esquinas más remotas, más muertas, más infrecuentables: no habéis tenido ningún respeto humano, ninguna falsa dignidad, y no habéis consentido ningún chantaje. No habéis tenido miedo ni de rameras ni de publicanos ni - lo cual es mucho - de los fascistas….”

Lo que en resumidas cuentas dice Pasolini es: no os ha dado miedo el escándalo. Lo que el poder utiliza como arma, el nuevo radicalismo, lo asume sobre sí y lo anula en nombre de la libertad. En otras palabras, le da un revés al instrumento de la vergüenza, retuerce la contradicción contra los adversarios, y para hacerlo acepta pringarse. Renace pero ensuciándose, el Partido radical, en manos de estos jóvenes progresistas a los que las fotos de época retratan vestidos con decoro burgués tras palcos con un anacrónico cabezón con el gorro frigio.

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Albert XXI

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Ahora (Ciutadans) se debe enfrentar a nuevos retos y sortear algunos peligros y tentaciones. En primer lugar, en coherencia con sus principios, Ciutadans debe mantenerse en los estrictos límites del no nacionalismo sin caer en el otro nacionalismo, en el nacionalismo español. En segundo lugar, Ciutadans debe evitar el populismo y la demagogia.

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Tentación, populismo y demagogia

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El partido de Savater y de los jóvenes progresistas

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Bonino

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Ciutadans 38%

Lista Antiprohibicionista 30%

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One Response to “A los jóvenes progresistas”

  1. Susana Says:

    “El viejo y algo aristocrático del PR de los años 50, el tema de la liberación sexual casi ni lo trata”

    Sí, igual que ahora en Ciutadans el tema de la droga… para desgracia de Savater y cia.

    “Y en cualquier caso, hubiese sido demasiado esperarse una cosa así, o lo que es peor pretenderlo de aquellos radicales”

    Sí, los viejos radicales a la francesa. El gran Carreras o el jacobino Espada… por no hablar de los “radicales de Ateneo”.

    “En 1975, dieciesiete años después, el epigrama “A algunos radicales” y pocos días después de su muerte, el mismo Pasolini reconoce, esta vez con una generosidad y un énfasis incluso evangélico, el cambio político y antropolóogico del radicalismo: “Habéis logrado hallar formas alternas y subalternas de cultura en todas partes: en el centro de las ciudades y en las esquinas más remotas, más muertas, más infrecuentables: no habéis tenido ningún respeto humano, ninguna falsa dignidad, y no habéis consentido ningún chantaje. No habéis tenido miedo ni de rameras ni de publicanos ni - lo cual es mucho - de los fascistas….”

    Lo que en resumidas cuentas dice Pasolini es: no os ha dado miedo el escándalo. Lo que el poder utiliza como arma, el nuevo radicalismo, lo asume sobre sí y lo anula en nombre de la libertad. En otras palabras, le da un revés al instrumento de la vergüenza, retuerce la contradicción contra los adversarios, y para hacerlo acepta pringarse. Renace pero ensuciándose, el Partido radical, en manos de estos jóvenes progresistas a los que las fotos de época retratan vestidos con decoro burgués tras palcos con un anacrónico cabezón con el gorro frigio”

    Entendido, cocina, pero los “jóvenes” habían entrado en el viejo partido.