Hay un pasaje del Quijote…
Hay un pasaje del Quijote que ha intrigado a los más lúcidos del arroyuelo murmurante de gentes descontentas en el que algunos chapoteamos. Lo mismo ha intrigado al presidente Azaña que al político 2.0 (antes de google). Es aquel en el que Don Quijote, después de remendar su yelmo, parte hacia nuevas batallas sin probar si funcionaba. Es el congénito rechazo patrio a la experimentación y la prueba. El mal endémico de la chapuza nacional y sus múltiples derivaciones.
Pensaba en otros ejemplos más apropiados al problema nacional de la fiabilidad, pero una sobredosis matinal de café me ha traído a la cabeza los tejados de uralita vislumbrados por Arcadi recien regresado a las Españas. Justo entonces he dejado el post en suspenso para acompañar a Ana a la estación de autobuses.
y al volver he seguido…
…Las compañías de autobuses -por carretera- que explotan la concesión monopolística del poder político de turno –siempre el turnismo- y que han mantenido, al menos en Zaragoza, unas estaciones tercermundistas (también lo es la nueva, la de diseño), que retratan a la clase empresarial y política que las gestiona. Esos empresarios favorecidos por el monopolio político, esos que no compiten o compiten con la ayuda del Consejero, del funcionario o del mismo padre de la novia…
Pienso, ahora, en la vieja clase periodística incapaz, cuando no cómplice.
Pienso en la propia clase política de listas cerradas y amiguismos varios que tus vecinos van a mantener con su voto, una vez más, en sus palacios de invierno. Quizá incluso con tu manso voto útil y bipartidista o tu abstención o tu voto en blanco, igual de cómplice. Una y otra vez, voto a voto, domingo de elecciones tras domingo. Blindando a los de siempre.
Decía el General Riego que ser español es temblar, país de mansos, en el que siempre, afortunadamente se alza la voz minoritaria del héroe civil. Del Pereiro de la política con mayúsculas que se lanza, solo y digno, hacia delante.
Hoy, amigos, he visto a una anciana y a varias chicas no poder hacer sus necesidades en el retrete de una estación de autobuses tercermundista. Les producía vómitos entrar a la asquerosa letrina. Esa estación y las que durante años tuvimos que frecuentar son el vivo retrato de una descomposición, la de la vieja política de la concesión y el amiguismo tardofranquista que han heredado gustosos los socialistas, los populares, los convergentes… Esto que os cuento, claro, nada -¿o mucho?- tiene que ver con esos elegantes señores que meriendan minimalistas canapés de diseño para celebrar que ya ha llegado la modernidad.
Julio 22nd, 2006 at 12:53 pm
Genial post. Tristemente real. Has conseguido describir lo que sentí hace unos pocos días. Amargamente auténtica la acusación que contiene.
Julio 22nd, 2006 at 5:16 pm
De acuerdo a medias. La culpa no es sólo del politicastro de turno, del funcionario sinvergonzón o del periodista cómplice. Hay una mayoría de españoles, una inmensa mayoría, que a lo que aspira es a vivir del “prójimo” vía concesión administrativa o similar. Y así, el español ve naturales cosas como el sistema de concesiones de oficinas de farmacia vigente o nuestra administración escandalosamente sobredimensionada y llena de vagos. La mansedumbre del español no es tal, ya que es interesada: conviene callar no vaya ser que se incomode a quienes no se debe y que en el futuro no se pueda optar a uno de esos chollos que permiten vivir bien a costa de los demás.
No creo que en este sentido haya ningún cambio: este modo de vida ya ha sido interiorizado.
Por mi parte, en breve empezaré a preparar mi marcha de España.
Julio 22nd, 2006 at 8:54 pm
Sí, anornimatux. Las medias no son tus enteras.
Julio 24th, 2006 at 5:24 pm
“la pura realidad ciudadana… que nada -¿o mucho?- tiene que ver con esos señores que meriendan postmodernos canapés de diseño”
Como dice anonymus, y también como tú dejas entrever, no sé hasta qué punto la clase política es la única que está “podrida”. Creo que gran parte de la ciudadanía también lo está. A veces pienso que es algo intrínseco a ser español…. la picaresca y todo eso.
En cualquier caso me alegro de que cites el caso de los autobuses interurbanos. Personalmente, cada fin de semana cuando vuelvo a la patria chica, sufro los rigores de la estación de Paseo María Agustín (Zaragoza). Pero no es la única. Ocurre lo mismo con los autobuses para Valencia (Juan Pablo Bonet), para Pamplona (Av. Navarra), etc, etc, etc. También he de puntualizar que en Zaragoza este problema se acentua. Teruel o Ciudad Real nos dan sopas con ondas en lo que a estaciones de autobuses se refiere.
Agosto 3rd, 2006 at 6:23 pm
Me hubiera gustado escribirlo
Mayo 7th, 2007 at 7:37 pm
[...] Un cacique del oligopolio del transporte de viajeros defiende un canon por los costes que le va a suponer trasladarse de su tercermundista garaje-pocilga a la nueva estación. Con lo que ha ahorrado estos años en pintura y material de limpieza en general!!! Hay un pasaje del Quijote… [...]