Mirabeau
Paseaba por la calle Horno de Zaragoza cuando un ángel cayó del cielo para preguntarme por un personaje al que admirase tanto como para querer revivir. Con emoción infantil y cierto aplomo respondí a aquel diablillo caído del cielo: Mirabeau. El padre, entiendo, me respondió con gesto convencido el querubín. El hijo, por Weishaupt!, le respondí airado. ¿Y la cárcel?. Y la cárcel. ¿Y la monarquía?. No respondí.